El Adviento nos invita a preparar nuestro corazón, “habitación interior,lo llamaba san Francisco de Asís a la venida del Señor, despertando en nosotros el deseo de un encuentro con Aquel que sólo espera ser reconocido, deseado y acogido.

Esta es la invitación que nos hace san Francisco de Asís para el Adviento:

«Ruego a todos los hermanos que, removido todo impedimento y pospuesta toda preocupación y solicitud, muerte de lo viejo, del mejor modo que puedan, hagan servir, amar, honrar y adorar al Señor Dios con corazón limpio y mente pura, que es lo que él busca sobre todas las cosas ,¡Dios reinando en nosotros!; y hagámosle siempre allí habitación y morada a aquél que es Señor Dios omnipotente, Padre e Hijo y Espíritu Santo, que dice: Vigilad y orad en todo momento». Regla no bulada, 22.


San Francisco de Asís se identificó a sí mismo como «el heraldo del Gran Rey» cf. Leyenda Mayor 2,5. Así lo afirma San Buenaventura quien veía en el Poverello a otro Juan Bautista. Francisco fue bautizado como Giovanni Bernardone o Juan, y sin duda deseaba imitar a su patrono, el Bautista, cantando y anunciando como una «voz que clama en el desierto» la grandeza de la revelación en Cristo Jesús.

San Francisco fue un hombre de Adviento perpetuo y por tanto, todos franciscanas y franciscanos estamos llamados a ser personas de Adviento perpetuo.