El Inmaculado Corazón de María se refiere a la vida interior de la Bienaventurada Virgen María, sus gozos y tristezas, sus virtudes y su perfección y, sobre todo, su amor de mujer Inmaculada por Dios Padre, su amor maternal por Jesús y por los hombres.

Cuando  san Lucas afirma que María «conservaba todo esto en su corazón» (2, 51),   presenta a María como modelo de fe, modelo de los creyentes. El Inmaculado Corazón de la Virgen es una expresión que nos habla del carácter absoluto de su fe, de su confianza y de su acogida del Señor en lo más íntimo de su persona, en términos de recuerdos, proyectos y decisiones.

Esta devoción es mencionada por san Gregorio Taumaturgo, Padre de la Iglesia del siglo III, por Teodoto de Ancira, del siglo V, y por el teólogo benedictino Ruperto de Deutz, del siglo XII.
En el siglo XVII, el sacerdote francés san Juan Eudes escribió las primeras obras sobre el Corazón de María. Fundó la Congregación de Jesús y María para religiosos, la Orden de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio para religiosas la Sociedad del Corazón de María Admirable para seglares.
San Antonio María Claret fundó en 1859 la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María en España. Teófilo Verbist fundó en 1862 la Congregación del Inmaculado Corazón de María en Bélgica.

En 1917, en las apariciones de Fátima, la Virgen María le habló a una pastora, Lucía, para la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María y la difusión de esta devoción y del rezo del rosario para solucionar los graves problemas a los que se enfrentaba el mundo.
Alejandrina de Balazar tuvo una serie de revelaciones privadas de Cristo, por las cuales pidió la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María entre 1936 y 1941.

El papa Pío XII realizó la consagración con un mensaje de radio transmitido a Fátima el 31 de octubre de 1942, renovado el 8 de diciembre de ese mismo año en la Basílica de San Pedro de Roma. Asimismo, el 4 de mayo de 1944 el Santo Padre instituyó la fiesta del Inmaculado Corazón de María, que se  celebraba el 22 de agosto, actualmente es el  sábado siguiente al segundo Domingo de Pentecostés.

Tras el atentado contra san Juan Pablo II, que aparentemente estaba profetizado por las apariciones de Fátima, el papa volvió a consagrar al mundo al Inmaculado Corazón el 25 de marzo de 1984, en un acto en al que estuvieron convocados todos los obispos del mundo. Asimismo declaró que la conmemoración del Inmaculado Corazón de María, es naturaleza «obligatoria» y no «opcional».Cuando el 13 de octubre de 2013 el Papa Francisco consagró, en el marco del año de la fe, el mundo al Inmaculado Corazón de María, invitó a la Iglesia y al mundo a  entregarse a la fe total, de la que María es modelo y guía.