«Venid a mí, todos los que estáis cansados y oprimidos, y yo os daré descanso. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es dulce y mi carga ligera. (Mt 11,28-30)

Las huellas de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús ya se encuentran en la Edad Media, en el pensamiento de algunos místicos alemanes como Matilde de Magdeburgo, Matilde de Hackeborn y Gertruda de Helfta y el beato dominico Henry Suso. Sin embargo, este culto sólo floreció en el siglo XV por Santa Margarita Alacoque y San Juan Eudes, el primero al que el obispo de Rennes concedió celebrar una fiesta en honor del Corazón de Jesús en su comunidad en 1672.

En 1765 Clemente XIII concedió a Polonia y a la Archicofradía Romana del Sagrado Corazón la solemnidad del Sagrado.
.Sólo en 1856, con Pío IX, secundando los deseos de muchísimos obispos, la solemnidad se extendió a la Iglesia universal y se insertó en el calendario litúrgico. Era una fiesta móvil fijada el viernes, el octavo día después del Corpus Christi, seguido por el sábado dedicado al Inmaculado Corazón de María.
León XIII en la encíclica “Annum Sacrum” de 25 de mayo de 1899, la consagración de toda la humanidad al Corazón de Jesús.
Pío XI en la encíclica “Miserentissimus Redemptor” de 1928, ensalzaba la devoción al Corazón de Jesús.
Pío XII, en la encíclica “Haurietis Aquas” de 1956, trazaba una síntesis doctrinal profunda y definitiva.
San Juan Pablo II tiene abundantes textos dedicados al Corazón de Jesús. En 1994 escribió una carta con motivo de 150 aniversario del Apostolado.
Benedicto XVI incluye la devoción al Corazón de Jesús entre los elementos esenciales de la encíclica “Deus caritas est” de 25 de enero de 2006. El Papa ha expresado el misterio del amor de Dios a través del Corazón traspasado, en la carta conmemorativa de los 50 años de la “Haurietis aquas”. En la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011consagró a todos los jóvenes del mundo al Sagrado Corazón