Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo

Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre.” (Jn 6, 51-59)

La Eucaristía es memorial de la acción de Cristo en la Última Cena, por la que se entrega como ofrenda agradable a su Padre y en ella da a sus discípulos el mandato de reiterar su mismo gesto, en propiciación por los pecados de toda la humanidad.

Jesús celebró aquella memorable cena en el momento de recordar la noche de la pascua judía, la salida de Israel de la esclavitud de Egipto.

Con la fracción del pan se evoca la Historia de Salvación. En ella se concentran los dones de la creación y de la vida y la entrega total de Jesús. Así, es sacramento santificador.

Jesús elige el pan y el vino para perpetuar su entrega en favor de toda la humanidad, y esta elección despierta le memoria agradecida por la fuerza y fecundidad de la tierra, concesión del Creador.