«No yo no dejo la tierra. No,yo no olvido a los hombres. Aquí yo he dejado la guerra;arriba están vuestros nombres». Himno de laudes.

En el  ícono de la Ascensión observamos que Cristo asciende al cielo rodeado de un halo de Luz que expresa su divina gloria, pero la vestimenta que lleva puesta parece igual a la de los apóstoles. Esto es para expresar que, con su ascensión ha elevado con Él a la naturaleza humana. La Ascensión del Señor no es un traslado de lugar -de la tierra al cielo- sino que significa la salida del espacio de lo creado y el ingreso en  lo divino, lo eterno. Cristo, elevó nuestra naturaleza humana a donde nunca había estado.

La Virgen en el medio del ícono eleva sus manos orando en silencio; ella representa a la Iglesia, ya que su seno era el lugar de reunión entre lo humano y lo divino, así también como lo es la Iglesia.

Los dos ángeles vestidos de blanco dicen a los apóstoles: “¿Qué hacéis ahí mirando al cielo? Éste que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo” (Hch.1, 11).

Los apóstoles, con su vital movimiento, expresan el gozo de recibir la bendición del Hijo de Dios; tristes por ser separados de Él, pero optimistas por la promesa del Espíritu Santo que haría perpetua la presencia de Jesús en sus corazones. Algunos de ellos miran hacia la Ascensión pero otros contemplan a la Virgen.